Eran las doce de la mañana y un pitido
me despertó. Vi como Laura cogía su móvil y para la alarma. Al verme, me sonrío
y yo, mediante señales, le dije de ir a desayunar aunque fuera algo rápido.
Asintió con la cabeza y nos fuimos hacia la cocina. Mientras desayunábamos unas
tostadas, Lidia y Paula llegaron. Preguntamos por Elena y nos contestaron que seguía
durmiendo plácidamente, pero a los cinco minutos llego con una sonrisa.
- Buenos días, chicas. ¿A que no sabéis
quien me ha pedido salir, oficialmente?
Y por su sonrisa matinal, supimos que
Alex había dando un paso. Supe también que había encontrado la batería de su móvil
para hablar con él, pero como ella era feliz, todo el mundo lo era. Pasada la
hora, las chicas se fueron yendo a sus respectivas casas y yo me iba quedando
sola, hasta que la casa estaba en silencio. Llamé a Adrián y le conté mi noche
con ellas. Él feliz porque su hermano estuviera saliendo con Elena, me dijo que
tenía que darme una cosa. Quedamos y en cinco minutos él estaba frente a mí con
un ramo de rosas rojas y una caja.
- Marta, mi amor, mi vida. Quiero que
sepas, que aunque medio mundo sabe que salimos, yo quiero darte el famoso
anillo que tu amiga Elena ha recibido por parte de mi hermano. Al ver la
reacción de ella, pensé que a ti también te gustaría recibir uno, así que recolectando
dinero, lo compré.
Y me entregó la cajita con un pequeño
y sencillo anillo. Le besé y supe que mi vida, a su lado, seria y es perfecta.
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