Eran las cuatro y cuarto de la mañana
y yo no podía dormir. Las demás chicas dormían plácidamente esparcidas por mi
dormitorio. Elena dormía con Paula en mi cama y Lidia y Laura dormían en
colchones alrededor de estas. Me levanté y miré de aclarar mi mente. Adrián es
lo mejor que me ha pasado en mi vida pero que pasa si me ocurre como Sergio. Lo
recuerdo como si fuera ayer cuando me lo dijo…
(Unos años atrás):
Estaba muy feliz porque hoy, por
primera vez, quedaría con Sergio a solas en su casa. Rápidamente por mi mente
pasó la cita ideal, una película romántica, con palomitas y el beso de cine.
Antes de llegar a casa recibí un mensaje de él: “Hola cariño; podemos quedar mañana me ha surgido un problema con mi
madre, un beso. Te quiero”. Pero no me dijo que su madre estaba de viaje de
negocios hacia dos días, ¿cómo iba a tener un problema con ella? Ese mensaje me
hizo pensar y decidí llegar hasta su casa. Cuando llegué toqué el timbre y una
joven de cabellos rubios y lisos me abrió con una dulce sonrisa, pero al
reconocerme se le borró de inmediato. No me lo podía creer. Mi novio me
engañaba con otra chica, y ni más ni menos que una compañera de clase, una de
las animadoras del equipo de fútbol. Eché a un lado a esa rubia y me dirigí al
dormitorio. Sergio estaba tumbado en su cama, enrollado en una sabana beige. Le
grité de todo menos bonito y para mí, supuso el fin de nuestra relación.
Durante varios días me llamo y me envió mensajes, pero no conteste ni uno. Él
supo que lo que hizo estuvo mal y no iba a perdonarlo.
(Presente):
No quería volver a pensar en ese
capullo de Sergio, así que me metí de nuevo en la cama e intenté reconciliar el
sueño.
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