Me dirigí a la puerta, la abrí y Elena
estaba con una sonrisa y su enorme maleta. Esta chica algún día se va a llegar
media casa para venir a dormir a la mía. Al rato, llegaron Lidia y Paula, y
segundos después Laura. Estábamos todas, esperando a que mis padres se
decidieran hacer algo. Mi hermano se había ido a casa de unos amigos suyos y
mis padres se irían a comer a un restaurante y luego a bailar con mis tíos.
La casa estaba en silencio y Laura rompió
con este. Me pregunto sobre él, sobre mi novio. Sé que sonara extraño, pero le
quiero y quiero compartir mi vida con él. Expliqué que cada día, después de
clase nos veíamos y compartíamos ese beso especial. Las chicas estaban embobadas
y con cara de enamoradas. Lidia me dijo que porque no se lo había contado, a
todas en general y yo, como excusa, dije que aún no estaba segura de estar con él,
pero la verdad es que ahora mismo no quiero a nadie más, solo a él. Elena y su
curiosidad volvieron y preguntaron por lo más simple de todo:
- ¿Te ha regalado un anillo o algo?
Elena y su visión de un amor perfecto.
Un chico guapo, romántico y alegre, y con una boda por todo lo alto, ella
vestida de blanco. Inocente e dulce Elena, pensé. Pero en realidad, era mejor
pensar eso que llevarse una decepción como me pasó con Sergio. No quiero hablar
de él, mi idea del amor perfecto la perdí con él y ahora pienso que Adrián
puede hacerme recuperarla. Pasamos la noche entre risas y comiendo chocolate.
Elena y Lidia estaban pendientes de sus teléfonos durante todo el rato, hasta
que Laura y yo intervenimos. Elena hablaba con Alex y Lidia con un Marc. Les
quitamos las baterías a los móviles y se los devolvimos. Estas dos nos miraban
con miradas asesinas, que si estas matasen, Laura y yo estaríamos metros bajo
tierra.
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