miércoles, 29 de mayo de 2013

Capitulo 7: Guerra de preguntas (Parte 1)

Llegue a casa minutos después con el pan y unos buñuelos de crema para el postre. Mi madre estaba preparando la comida y mi hermano gritaba a la televisión porque el muñeco de la consola de moría. Los niños y sus juguetes, pensé. Dejé la pequeña compra encima de la mesa y mi móvil vibró en mi bolsillo trasero. Era un mensaje de las chicas en nuestro grupo del whatsapp y como era de esperar Lidia y Elena habían empezado la conversación:
- Lidia Jones: A ver, ¿alguna sabe donde se ha metido la enamorada?
- Elena Hernández: ¡Aquí estoy! :)
- Lidia Jones: Tú no, la otra.
- Laura Gómez: Eso, eso. ¡Queremos respuestas!
- Elena Hernández: ¡Puedo hacer un Sálvame de luxe, versión Adrián¡ jajaja
- Paula Martínez: Pobre Marta, la compadezco.
- Elena Hernández: La defensora del pueblo salió. ¡Hola Paulita!
- Paula Martínez: jajajaja. ¡Hola Elenita!
- Lidia Jones: Dejaros de tonterías. ¡Marta rebélate contra el mundo!
- Marta Santiago: ¡Chicas sois unas pesadas! Quedamos a las cinco y media delante de mi casa y os cuento. Traeros ropa de recambio ;)
- Elena Hernández: ¡PARTY HARD EN CASA DE MARTA! Estupendo! ;)
- Lidia Jones: Okey :)
- Paula Martínez: ¡Muy bien, ahí estaremos!
- Laura Gómez: Voy a traer chocolate, se dé una a la que le encanta.
Comí con prisas y mi hermano me miraba boquiabierto, pero lo ignoré como de costumbre. Le expliqué a mi padre que hoy vendrían las chicas a casa y él asintió, seguramente sin haberme escuchado. Las cinco y cuarto marcaban en el reloj de mi teléfono y Adrián me llamo:
-       Hola preciosa. ¿Cómo ha ido la bronca?
-       Hola cariño. Aún no ha empezado, he quedado con las chicas dentro de un cuarto en mi casa. Noche de chicas.
-       ¡Qué bien suena eso! Jajajaja. No te canses mucho de hablar, que esa lengua la necesito mañana. – Algún día me va a sacar los colores de la cara.
-       En fin, te dejo cielo. Que estarán a punto de llegar. Un beso, te echo de menos.
-       Adiós princesa, yo también. Te quiero.

Al colgar, el timbre sonó y la guerra de preguntas empezó. 

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