La mañana prometía. Mi
madre me había preparado el desayuno y mi hermano estaba muy tranquilo viendo
la televisión. Normalmente me despertaba él, tirándome de las sabanas, sacándome
la almohada y finalmente tirándome al suelo. Así, que hoy, era un día muy
tranquilo. Salí de mi casa con la barriga llena y esperé en la esquina a
Adrián. Él apareció con sus pantalones cortos y una camisa de tiras blanca.
Seguía preguntándome como no se moría de frío. De acuerdo, estábamos en marzo y
no hacía tanto frío, pero no era normal. Lo que más me sorprendió fue que
cuando estuvo lo bastante cerca, me dio dos besos en las mejilla, cosa muy rara
en él.
Andamos hasta el instituto
y yo seguía pensando a que había venido eso, pero rápidamente Elena me saco de
mis pensamientos. Elena era una de mis mejores amigas, juntamente con tres más.
Ella era divertida y muy atrevida por su corta edad, aunque en verdad era unos
meses mayor que yo. Elena cada vez que veía algo, se montaba su propia película
y por eso la quiero. En cierto sentido es especial, a su manera, pero siempre
la tengo ahí para sacarme una sonrisa.
Me saludó con un abrazó y
preguntó por mi fin de semana. Adrián se la miraba divertido, mientras que
Elena seguía insistiendo en su pregunta. Que podía decirle, que estuve todo el
fin de semana pensando en lo mucho que ha cambiado Adrián. No podía decírselo,
porque según me han contado las chicas, Elena está enamorada, pero deseo y
espero que no sea de él.
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